Revista ECOS UASD, Año XXVII, Vol. 2, No. 20, julio-diciembre de 2020. ISSN Impreso: 2310-0680. ISSN Electrónico: 2676-0797 • Sitio web: https://revistas.uasd.edu.do/

La Española, primera isla de América con presencia negra y alzados africanos: (Sebastián Lemba “Calembo”, el más aguerrido)*

Hispaniola, the First Island of America with Black Presence and African Uprisings: (Sebastián Lemba “Calembo”, the Fierest)

DOI: https://doi.org/10.51274/ecos.v27i20.pp25-36

Estudio doctoral en Historia de América Contemporánea en la American Andragogy University, Hawái, EUA (2013). Se desempeña como profesor de Historia en la Escuela de Historia y Antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y de Historia Crítica Dominicana en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD). Ha escrito la obra: Historia política de la mujer dominicana en la vida republicana (2017); además, ha publicado artículos en revistas y periódicos digitales e impresos de amplia circulación nacional.

Recibido: Aprobado:

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Cómo citar:

Novas, N. 2020. «La Española, primera isla de América con presencia negra y alzados africanos: (Sebastián Lemba “Calembo”, el más aguerrido)». Revista ECOS UASD, 27(20), 25-36. doi: https://doi.org/10.51274/ecos.v27i20.pp25-36

Resumen

A principios del siglo XVI la economía de la colonia española de Santo Domingo dependía de la explotación aurífera sustentada en una mano de obra nativa que no resistía el ritmo intenso a que era sometida. A medida que esta población se extinguía obligó al conquistador-colonizador español a introducir negros africanos como esclavos para trabajar en las minas, la producción de azúcar y en otros quehaceres productivos. Los primeros esclavos introducidos eran cristianizados nacidos en la península ibérica; luego agregaron a los bozales traídos directamente de África. El trabajo forzado, el maltrato, entre otros aspectos, dio origen a la huida y surgimiento de líderes cimarrones, siendo el más encumbrado Sebastián Lemba, quien junto a sus hombres ocasionó cuantiosos daños a los esclavistas. La dispersión de fugitivos por las montañas generó persecuciones; los persecutores tenían dos objetivos fundamentales: primero, la captura de los rebeldes que buscaban refugios; segundo, la destrucción de los palenques donde vivían. A pesar de los reveses en los alzados, su persistencia y plan de acción luchando por la libertad que les negaban, se extendió hasta finales del siglo XVIII.


Palabras clave:

colonización, Caribe, cultura africana, esclavitud, trata de esclavos

Abstract

At the beginning of the 16th century, the economy of the Spanish colony of Santo Domingo depended on gold mining supported by native labor that was not profitable. As this population died out, it forced the Spanish conqueror-colonizer to introduce black Africans as slaves to work in the mines, sugar production, and other productive tasks. The first slaves introduced were Christianized born in the Iberian Peninsula, then the negro bosals brought directly from Africa. Forced labor, mistreatment, among other aspects, gave rise to the escape and emergence of Maroon leaders, being the most prominent Sebastián Lemba, whom along with his men caused considerable damage to the slave owners. The dispersal of fugitives through the mountains generated persecution. The persecutors had two fundamental objectives: first, the capture of the rebels who were seeking refuge; second, the destruction of the palenques where they lived. Despite the setbacks in the uprisings, their persistence and plan of action fighting for freedom that was denied to them extended until the end of the 18th century.


Keywords:

Presence of Blacks, colonization, slaves, Maroons, persecution

Introducción

En la historiografía dominicana son escasas las investigaciones referentes al contexto histórico-social. El presente artículo aborda cuándo, dónde y en qué condiciones fueron traídos los primeros negros africanos a la isla Española. El propósito es analizar la trascendencia socio-histórica de la primera presencia negra en la isla, el cimarronaje y las persecuciones de tropas españolas dedicadas a combatirlos. Se resaltan las principales rebeliones de esclavos, los medios de control utilizados por las autoridades y hacendados españoles, así como la persistencia de los cimarrones en su lucha por la libertad. El cuerpo de la investigación consta de cuatro partes. La primera, que trata los aspectos metodológicos empleados en la investigación. La segunda, donde se abordada la presencia, comercialización y traslado de los primeros esclavos a la isla de Santo Domingo; además, las condiciones laborales en las minas, la producción de azúcar y otras actividades productivas. La tercera, donde se explican las fugas, las acciones y las persecuciones de que fueron víctimas los cimarrones. Y, cuarta, donde se analizan los factores y efectos que incidieron para que los esclavos rebeldes, por espacio de casi tres siglos, convivieran y practicaran su idiosincrasia en comunidades aisladas llamadas palenques. La importancia de este estudio radica en que se analizan los hechos transcurridos desde el comienzo de la presencia negra y la implementación del sistema esclavista en la colonia española de Santo Domingo durante todo el periodo colonial. Hoy en día, muchos son los temas que han sido abordados por tratadistas de las Ciencias Sociales relacionados con la situación sociopolítica y económica de la época. Nos parece importante comprender la problemática de los esclavos por vía de dos fenómenos: el cimarronaje y la cuestión de temporalidad de los cimarrones. Se trata de una reflexión en torno a lo siguiente: ¿Cómo es posible que un pueblo viviendo una etapa primitiva e importado (esclavos rebeldes), caracterizado por utilizar armas rudimentarias, sin conocimientos del arte de la guerra, entre otros aspectos; por decenios, de manera continua y persistente, combatieran al poderoso imperio español, por intermedio de las autoridades locales, utilizando todos los medios y recursos a su alcance y, en definitiva, no lograron derrotarlos? Al finalizar el artículo, los/as amigos/as lectores/as, tendrán una visión global y crítica del tema que les permitirá desarrollar competencias de entendimiento al momento de evaluar los hechos, en especial, la participación de los esclavos rebeldes en su lucha por la libertad.

Aspectos metodológicos

Por su naturaleza, esta investigación es de tipo histórica; y parte de un estudio analítico que responde al enfoque cualitativo. En todo el proceso se emplearon los métodos de análisis-síntesis e inducción-deducción. La metodología estuvo centrada en la selección estricta de fuentes primarias y secundarias, extrayendo síntesis y argumentos conforme a los parámetros y características que nos proporciona la ciencia y el discurso científico. En alusión al tipo de investigación y al enfoque referido, Víctor Miguel Niño Rojas señala que: “La investigación histórica busca analizar, interpretar y explicar todos estos aspectos y fenómenos comprendidos en la historia, y no simplemente determinar y relatar los hechos… significa estudiar y examinar los fenómenos como producto de un determinado desarrollo, desde el punto de vista como han aparecido, evolucionado y llegado al estado actual”1 . En cuanto al enfoque cualitativo, sostiene que: “tiene la misión de recolectar y analizar la información en todas las formas posibles”2 . La reflexión es permanente y al mismo tiempo centrada en un análisis, va desde el comienzo hasta el final de la investigación.

 Sergio Gómez Bastar explica: “El método analítico, consiste en la extracción de las partes de un todo, con el objeto de estudiarlas y examinarlas por separado, para ver las relaciones entre éstas… El sintético, su principal objetivo es lograr una síntesis de lo investigado; por lo tanto, posee un carácter progresivo, intenta formular una teoría para unificar los diversos elementos del fenómeno estudiado… El método inductivo es un procedimiento que va de lo individual a lo general… Intenta encontrar posibles relaciones generales que las fundamenten. El deductivo, a diferencia del inductivo, el procedimiento racional que va de lo general a lo particular”3 . Durante el análisis documental, se revisaron revistas artículos científicos, ensayos, libros. Además, recopilación de informaciones electrónicas especializadas relacionadas con el tema.

Los primeros esclavos en América 

Existen diversas versiones en torno a si hubo o no presencia de africanos durante el primer y segundo viaje del almirante Cristóbal Colón al Nuevo Mundo. Pero sabemos que estos viajes son productos de nuevas sociedades atlánticas comerciales dependientes del trabajo de esclavos. En 1496, encontrándose Colón en el archipiélago de Cabo Verde, en una carta dirigida a los Reyes Católicos, en un fragmento señala: “Los esclavos se vendían a ocho mil maravedís por cabeza”4 . No sería de sorprender que en el primer o segundo viaje transportara negros africanos. Celsa Albert, citando a Carlos Larrazábal Blanco, expresa: “En 1496, cuando se funda la ciudad de Santo Domingo, había presencia negra en la isla”5 . Existen documentaciones que hacen importantes aclaraciones sobre los hechos tratados. Consuelo Varela e Isabel Aguirre, en una reciente investigación, expresan: “Un hombre joven negro libre, llamado Juan Moreno o Juan Prieto, trabajó como sirviente de Colón en La Española, es considerado como la primera persona negra en llegar a América en 1492 o en el segundo viaje en 1493. Años después del fallecimiento de Colón, con el nombre de Juan Portugués, participó en la colonización de Centroamérica”6 . En los años subsiguientes, otros negros fueron traídos por colonizadores españoles para trabajar como sirvientes suyos. Hacia 1501 se estaba considerando traer negros de los que eran criados en España como una fuerza de trabajo esclava, se excluían a los no cristianizados. Los primeros mercaderes que obtuvieron permisos para ello fueron: “Juan de Córdoba, un converso rico, platero, amigo de Colón y luego de Cortés, en 1502 envió a La Española a un esclavo negro en compañía de otros agentes con el fin de venderlo y Luis Fernández de Alfaro, capitán de buques mercantes, comercializaba con los recién descubiertos dominios españoles”7 .

Otros que obtuvieron licencias fueron los sevillanos Juan Sánchez y Alonso Bravo, ambos cristianos. Precisamente, en el año 1502, los Reyes Católicos enviaron a Frey Nicolás de Ovando como gobernador de la isla de Santo Domingo, hombre caracterizado por ser eficaz y previsor; también implacable e insensible. Se le ordenó obligar a los nativos de la isla a trabajar a causa de la mucha “libertad” que dichos indios tienen…“huyen o se apartan de la conversación y comunicación de los cristianos, por manera que no quieren trabajar y andan vagabundos mandé que compeléis y apremiéis a los dichos indios que trabajen, pagándoles el jornal que por vos fuere tasado; lo cual hagan y cumplan como personas libres, como lo son, y no como siervos, y haced que sean bien tratados los indios”8 . Mientras tuvo en sus manos el gobierno, Ovando fue el que más cambio de política ejecutó; solicitó a la corona que se suspendiera la importación de esclavos africanos, entendía que no sólo aprovechaban todas las oportunidades para huir, sino que alentaban a los indios a rebelarse. En 1504 la Corona española permitió diez años de comercio libre con La Española, exceptuando la trata, el oro, la plata, las armas y los caballos; es de suponer que lo incluido en la excepción fue porque se precisaban en Europa. Al año siguiente, la corona autorizó la traída de diecisiete esclavos negros, con la promesa de otros; sin embargo, luego a Ovando se le ordenó expulsar a los esclavos bereberes y paganos, por no adaptarse al tipo de trabajo. Para la época, ya había caña de azúcar, aunque en cantidades modestas. En 1505 un colono llamado Aguilón la cultivaba en Concepción de La Vega. Según Las Casas, “La molía con ciertos instrumentos de madera con los que se obtenía el jugo”9 . Lo hacía a base del trabajo de esclavos, en trapiches traídos desde las islas Madeira o Canarias. Poco después de que Ovando dejara de ser gobernador de la isla, en 1509, se produjo un cambio decisivo en la estrategia referente a los esclavos. El nuevo gobernador, Virrey Diego Colón, le escribió una carta al Rey Fernando acerca de la escasez de mano de obra. En un fragmento de la carta dice: “A los indios les costaba mucho romper las rocas donde se encontraba el oro”10. El monarca español hacía poco le había dado “carta blanca” para importar todos los nativos que quisiera de las islas circundantes; podía secuestrarlos, ejemplo a los lucayos de las Bahamas, como se había hecho en otras ocasiones, colocarlos donde hicieran falta y repartir según la costumbre que se había seguido hasta entonces. En 1510 “sólo quedaban unas veinticinco mil personas en condiciones de trabajar”11. Los indios habían demostrado que no eran rentables en el trabajo, a diferencia de los negros africanos.

En fecha 14 de febrero de 1510, el Rey Fernando, autorizó a la Casa de Contratación para que administrara las actividades marítimas españolas de la trata negrera. A partir de entonces se reglamentaría la venta de todos cautivos, así como un impuesto sobre la licencia; se acarreó el contrabando. No obstante, la obligación de comprar esclavo supondría una importante fuente de ingresos para la Corona, representó el comienzo del tráfico de esclavos a las Américas; tuvo como aliciente básico el oro, posteriormente en la producción azucarera y en otras actividades productivas de la isla. A partir de este momento se establece un flujo constante de esclavos, muchos de ellos iban a parar a la colonia española de Santo Domingo, punto que sirvió de puerto redistribuidor del comercio que venía desde la península ibérica hacia otras colonias españolas en América.

Refiriéndose a la presencia masiva negra, Carlos Esteban Deive, explica: “El negro africano llegó a Santo Domingo en calidad de esclavo, y fue él quien completó, con su trabajo forzado, la actividad del español conquistador… Llegó con cultura quebrantada; arrancado por la fuerza de su tierra, transportado y trasplantado a un nuevo hábitat que no era el suyo, obligado a integrarse a una sociedad desconocida; se encontraba en una posición de subordinación económica y social. Vio así destruida su organización tribal y política, sus formas de vida familiar, en fin, todas sus estructuras sociales y culturales autóctonas”12. Estos africanos fueron despojados de sus lenguas, dioses, herramientas e instrumentos de trabajo. También de la concepción del tiempo y la imaginación de su paisaje. La mayoría procedían de diversas zonas del occidente de África; eran grupos étnicos distintos en las que reflejaban diversidades de caracteres. Por tanto, tenían diferencias culturales y lingüísticas, lo que les dificultaba cualquier tipo de comunicación.

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Nadie ignora que la isla La Española, como todas las sociedades esclavistas de América eran regidas por un tratamiento especial a los esclavos: producir riquezas trabajando de sol a sol sin descansar y padecer los maltratos físicos. A propósito, Víctor Schoelcher , político francés, notaba que el látigo formaba parte del régimen colonial, cuando afirmó que: “El látigo era el agente principal; el látigo era su alma; el látigo era la campana de las casas, anunciaba el despertar y el retiro, señalaba la hora del trabajo; el látigo marcaba también la hora del descanso; y se castigaba a los culpables al son del látigo, y se reunía por la tarde como por el día a los socios de una habitación para la oración; el día de la muerte era el único momento en el que el negro olvidaba el despertar con el látigo”13. Por su parte, Aquiles Escalante Polo señala que: “Los castigos dados a los fugitivos cimarrones oscilaban entre los latigazos, el cepo, el cercenamiento de sus genitales, las extremidades y la muerte misma… al negro fugado, después de veinte días de haberse huido, se le condenaba a cien azotes, dados de manera: que un día por la mañana, sea llevado a la picota de esta ciudad, en la cual sea amarrado y puesto un pretal de cascabeles atado al cuerpo… todo, para que los cascabeles resonaran a cada latigazo del verdugo”14. Eran castigos comunes a los esclavos en todas las colonias de América; claro, todo esto los condujo a constantes huidas y alzamientos a las montañas.

Cyriaque Simón Pierre, citando a Édouard Glissant, dice: “El esclavizado era sin duda una herramienta móvil en un sistema de producción esclavista”15. Sin duda, el esclavizado no poseía bienes materiales, una característica propia de este sistema. Además, los argumentos más comúnmente conocidos de aquella época consistían en pintar al negro bajo un ángulo de barbarie y de salvajismo, primero en Europa y luego en las colonias americanas. Aunque el término bárbaro fue desde hace muchos años rechazado por el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss afirmó “El bárbaro es primero la persona que cree en la barbarie”16. Se procuraba que el negro fuera temido por los demás pueblos. Jimenes de Cisneros, quien fue Rey Regente de la Corona Española entre 1516-1517, citado por Carlos Federico Guillot, planteó “Los negros son propios para la guerra, hombres sin honor y sin fe y así capaces de traiciones e inquietudes, que al multiplicarse se alzarán infaliblemente, queriendo imponer a los españoles las mismas cadenas que ellos llevan”17. Era una especie de advertencia a los españoles tenían que desconfiar de los negros esclavos y tomar las medidas necesarias para prevenirse contra toda sublevación. Con la llegada al trono español de Carlos V, sorprendentemente, Los frailes Jerónimo, quienes habían sido nombrados gobernadores de la isla La Española, por el Cisneros, ya fallecido, también realizaron peticiones de traer esclavos africanos. Uno de ellos lo fue fray Manzanedo, quien escribió una carta al monarca español, y en un fragmento de la misma textualmente expresa: “Que todos los ciudadanos de La Española pedían a Su Majestad que les otorgara licencia de importar negros, porque los indios no bastaban para que los colonos se mantuvieran…enviaran tantas mujeres como hombres y, puesto que los negros criados en Castilla podían resultar rebeldes, que estos nuevos esclavos fueran bozales (traídos directamente de África), de los mejores territorios de África o sea de cualquier parte al sur del Senegal”18. En enero de 1518, el juez Alonso Zuazo, “muy preocupado” por la reducción de la población india, escribió al emperador Carlos sugiriéndole maneras de aumentar la mano de obra en el Mundo Nuevo, “donde la tierra era la mejor del planeta, donde no hacía ni demasiado frío ni demasiado calor, donde no había nada de qué quejarse, donde todo era verde y todo crecía, como cuando Cristo, en la gran paz agustina, redimió al Viejo Mundo; añadió, servil, que había algo semejante en la llegada de Carlos, pues este redimiría el Mundo Nuevo…recomendaba que otorgara una licencia general para la importación de negros idóneos para el trabajo en las islas, a diferencia de los indígenas, “tan débiles que sólo servían para faenas ligeras…sería tonto suponer que, si los llevaran allí, los negros se rebelarían…las cañas eran tan gruesas como la muñeca de un hombre y que sería maravilloso construir grandes molinos azucareros”19. Como resultado de todos ellos, el 18 de agosto de 1518, Carlos V, otorgó permiso para exportar esclavos negros a todas las colonias españolas en el Nuevo Mundo. El arribo masivo conllevó una serie de problemas que propietarios y autoridades debieron afrontar; se trataba de las denominadas rebeliones.

En referencia al poder del monarca, Eric Hobsbawm planteó que: “El propio rey o emperador, aparte de su poder como gran patrón o señor, funcionaba por mediación de patrones locales o arraigados en las localidades que respondían a la negociación más que a las órdenes”20. El Rey ejercía el poder por medio del aparato de funcionarios estatales o autorizados por el Estado, un monopolio prácticamente total del poder sobre todo lo que sucede dentro de sus fronteras. En cuanto a los hechos, Fray Bartolomé de las Casas apoyó firmemente estas peticiones, de traer esclavos africanos para ser sustituidos en los trabajos realizados por los indios. Las Casas, un reconocido y erigido defensor de los indios; de protegerlos de los malos tratos, durante muchos años se cegó, sobre la necesidad de evitar que los africanos sufrieran estos mismos tratamientos. Más tarde, en la década de 1550, cuando escribía su “Historia de las Indias”, explicaría que se había dado cuenta de que estaba mal eso de querer sustituir una forma de esclavitud por otra.

Levantamientos, fugas y persecuciones de los cimarrones

El intenso trabajo, la discriminación y el maltrato, condujo a levantamientos de esclavos y la aparición de líderes de cimarrones quienes, con sus hombres, se sublevaron, emprendiendo la huida hacia las montañas. Establecieron comunidades aisladas llamadas palenques, inicialmente compuestas por hombres; con el tiempo se integraron mujeres. En ellas fijaron sus propias reglas, hábitos culturales y gozaban de su libertad. A los miembros se les conocía como cimarrón; siempre en una actitud de enfrentamiento, en resistencia y violencia contra las autoridades españolas que los perseguían. Desde la perspectiva europea, el cimarrón era “una plaga crónica, un bandido”. Endilgaron todos los vicios y defectos que en principio habían atribuido a los ladinos y a jelofes. Las cimarronadas constituían peligros económicos que abrumaban a los colonos. Por tanto, quemaban, pillaban, asesinaban y destruían propiedades y liberaban a los esclavos que estaban en poder de los esclavistas. Contra ellos, las autoridades españolas utilizaron todo tipos de medio y recursos con la intención de reprimir los actos de rebeldía.

Carlos Esteba Deive afirma: “La primera mención documental de que se tiene noticia acerca de las fugas y rebeliones de esclavos negros africanos llevados en la isla de La Española está contenida en una carta fechada en 1502 del gobernador Nicolás de Ovando, dirigida a los Reyes Católicos. En esa carta Ovando solicita que se prohíba la entrada de esclavos, en un fragmento expresa: Se huían, juntábanse con los indios, enseñábanles malas costumbres y nunca podían ser cogidos’”21. Desde los primeros años de la conquista y colonización los esclavos africanos se resistieron a aceptar pasivamente el maltrato y trataron de ganar su libertad huyendo del poder de sus amos. En 1513, los esclavos fugitivos eran tan numerosos que el tesorero Esteban de Pasamonte se vio obligado sugerir al Rey que detuviese la concesión de licencias o la limitase a fin de preservar la paz y la seguridad de la colonia. Como el monarca no tenía la intención de prescindir de esta rentable fuente de ingreso, prefirió inclinarse por la segunda alternativa; es decir, limitarla, porque así podía continuar percibiendo ganancia y riqueza como resultado de la comercialización y del trabajo de los esclavos.

La primera insurrección de esclavos negros en el Nuevo Mundo tuvo lugar el 26 de diciembre de 1522. Al respecto Jaime de Jesús Domínguez señala: “Unos 40 miembros de la tribu de los jelofes incendiaron el ingenio de Diego Colón llamado La Nueva Isabela, situado a orillas del río Nizao y en un hato de Melchor de Castro, dieron muerte a 12 españoles. Los insurrectos fueron alcanzados antes de llegar a Azua por Melchor de Castro y un grupo de colonos, quienes los derrotaron y les causaron seis muertos y muchos heridos”22. Gonzalo Fernández de Oviedo, al respecto, apunta: “El motín se desarrolló el segundo día de Navidad de 1522”23. Aprovecharon las celebraciones de las fiestas, un hecho muy significativo para los colonos españoles; de ahí, los rebeldes supieron coincidir en su alzamiento. Los insurrectos fueron alcanzados antes de llegar a Azua por Melchor de Castro y un grupo de colonos, quienes los derrotaron y les causaron seis muertos y muchos heridos. El levantamiento fue sofocado de forma violenta por las autoridades españolas, y munchos de sus principales cabecillas fueron eliminados. Cuando se produjo la revuelta de los jelofes, la isla estaba organizada sobre la base del trabajo esclavo; una estructura de dominación política de apropiación económica de los medios producción de parte de los españoles esclavistas y determinada por exigencias de plusvalía absoluta beneficiaria del comercio y por una explotación de los esclavos que en todo momento estaban al asecho para la huida en bosques con el fin de vivir en libertad.

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Aunque la insurrección fue vencida, las montañas de la isla de Santo Domingo se convirtieron en el punto de referencia de América, donde los primeros negros esclavos hicieron su primer alzamiento; fue la primera región de América donde los amos perecieron con espantosa crueldad a manos de sus esclavos. Para los esclavistas, los jelofes ya no eran ojos de los blancos; los esclavos dóciles que presumían, sino gente tan “perversa similar a los demás grupos étnicos”. En cédula de 28 de diciembre de 1523, “culpan a los wolof de ser los responsables de todas las revueltas y fugas que por esa época tenían lugar en las Antillas…; eran, soberbios e inobedientes y revolvedores e incorregibles y de malas maneras de vivir. La naturaleza corrompida de los jelofes, sus crímenes y asesinatos no sólo atentaban, de acuerdo con las Reales Cédulas, contra el proceso de evangelización, sino contra las rentas reales”24. Se tomó la disposición prohibiendo la entrada en las indias occidentales a los esclavos de esta etnia.

Entre los años de 1542-1546 hubo una gran insurrección de cientos de esclavos negros y se produjo un recrudecimiento sangriento de lucha contra los cimarrones. “Los primeros lugares en ser asediados los fueron las sierras de Bahoruco, donde Diego de Guzmán, acaudillaba un pueblo rebelde; San Juan de la Maguana, donde se había establecido Diego de Ocampo; en las montañas cercanas a La Vega y Santiago, era donde operaban Juan Vaquero y otros caudillos negros, mantenían constante azote a la región”25. En sus correrías quemaban ingenios, propiedades de los vecinos de la comarca y liberaban a los esclavos. El aumento creciente de los cimarrones obligó al oidor y juez de residencia de la colonia, Alonso López de Cerrato, a modificar las ordenanzas municipales sobre el régimen de vida de los esclavos a fin de evitar posibles fugas. El oidor se lanzó abiertamente a combatir a los cimarrones, formando varias cuadrillas de soldados. Llegó a decir: “De cada cien negros que se refugiaban en los montes, los hacían a causa de los malos tratamientos y de las crueldades que les infligían sus amos blancos”26. Pero compartía con los vecinos la opinión sobre los bozales, considerados como “una mala nación de gente y muy atrevida y mal inclinada”. La intención del oidor era granjearse el apoyo y la confianza de los vecinos.

En relación con los pronunciamientos del oidor referido, Eric Hobsbawm nos explica: “El ladrón noble inicia su carrera fuera de la ley y no a causa del crimen, sino como víctima de la injusticia…se reincorpora a su pueblo como ciudadano honrado y miembro de la comunidad”27. Pero los cimarrones eran tantos y tan audaces que los moradores de ciudades no se atrevían a ir a sus haciendas, sino en grupos; mientras los mineros se juntaban para dormir con sus lanzas en las manos por temor de que los negros alzados los atacaran. En San Juan de la Maguana se estaban fugando, uniéndose al conocido líder Diego de Ocampo, quien los adiestraba en tácticas de combate. Junto a él, centenares de negros armados asaltaron y quemaron diversas plantaciones. No obstante, se logró la captura de la mayoría de los insurrectos, quienes fueron ahorcados, quemados o castigados cruelmente. En esta ocasión, la acción del gobierno fue tan efectiva que Ocampo se rindió y se ofreció a perseguir a otros cimarrones a cambio de salvar su vida. A partir de entonces, se dedicó a servirles a las autoridades españolas, colaborando con la captura de otros negros cimarrones. En 1554, el cimarrón Juan Vaquero dirigió una ofensiva con más de 150 hombres, operaba entre Santiago y La Vega. Para capturarlo, las autoridades de la Real Audiencia de Santo Domingo ofrecieron recompensar a quien lo tomase vivo o muerto, pero poco tiempo después fue abatido. Constantemente, una o dos veces al año, cuadrillas de españoles eran enviadas a destruir bandas y maineles, dado que los cimarrones crearon una situación que afectaba directamente a las finanzas públicas. Y aunque se aplicaban severos castigos, nuevos grupos de esclavos se alzaban. Los esclavos rebeldes tenían conciencias del sistema de explotación y de los actos de vandalismos cometidos por ellos, eran formas de liberarse de la esclavitud a que están sometidos.

Sobre Sebastián Lemba no hay datos concretos sobre la fecha de nacimiento, pero sí se sabe que nació en África. Según Franklin Franco (1993): “Era oriundo de una región situada al norte del río Camadores (actual Camerún)”28. No hay precisión de cuando fue traído a la isla como esclavo; pero varios investigadores sostienen que llegó en el año 1525. Sebastián Lemba y un grupo de 140 hombres, en 1532, se alzaron, huyeron a las montañas y por espacio de 15 años lucharon y combatieron al régimen esclavista. Una vez atacados, iniciaron contraofensivas que llenó de terror a la isla entera, pues además de buenas armas, sus tropas eran valientes y usaban caballerías. Se movilizaban en las noches, atacando y saqueando los pueblos visitados y liberaban a los esclavos de las haciendas y de los ingenios. La rebelión creció llegando hasta 400 hombres rebeldes. Este caudillo cimarrón tenía su maniel en la sierra deBahoruco, pero con su ejército se movía constantemente a diferentes pueblos como: Higüey, San Juan de la Maguana, Azua, entre otros, lo que dificultaba su captura. Se convirtió en el hombre más buscado de la isla; representaba una gran amenaza; juntos a sus hombres les causaron cuantiosos daños a los esclavistas españoles. Las autoridades los consideraron “demasiado diestro y muy entendido en las cosas de la guerra”; sus hombres les obedecían fielmente.

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En alusión este líder cimarrón, don José Antonio Saco explica que: “Fue el más famoso, con ciento cuarenta negros, y otra que se descubrió a principios de mayo en la provincia de Higüey, y que hacía más de quince años estaba refugiada en unas sierras y montañas junto al mar. Envióse gente contra la primera. Casi todos los prófugos fueron presos, muertos ó ajusticiados, quedando a Lemba menos de veinte; pero con esos pocos, andando a caballo hízose salteador de caminos. Matósele al fin en Setiembre, y de su cuadrilla sólo seis ó siete escaparon, que probablemente se unieron con otros quince negros que acababan de alzarse en La Vega”29. Las hazañas ejecutadas por este temido guerrero les dieron tantas famas que mereció unos versos escritos por el poeta Juan de Castellanos, citados por Franklin Franco, en los que se expresa lo siguiente: “El negro Lema fue principalmente, que juntó negros más de cuatrocientos, acaudillándolos varonilmente; fue negro de perversos pensamientos, atrevido, sagaz, fuerte, valiente, y en su rebelión de muchos años, la tierra padeció notables daños. Personas mal sabida, recatada, en todas sus astucias, otro Davo, en el asalto de cualquier entrada,  diligente, feroz, cruel y bravo”30. El capitán “Tristán de Leguizamón”31, con sus soldados, se dispuso a entrar en el maniel de Lemba, pero a su llegada el caudillo no se encontraba, el capitán español se llevó a las mujeres que encontraron; también víveres y armas, luego se retiró a la villa de Azua. Tras los hechos, Sebastián Lemba entró a San Juan, la saqueó tomando hierro y acero de los ingenios. Luego volvió nuevamente al maniel y prosiguió sus correrías.

 

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Después de numerosas escaramuzas Lemba fue muerto en 1548 en la loma de la Palencia, cerca de la comunidad de San Juan de la Maguana a causa de una lanzada que le propinó un esclavo negro del cabildo de Santo Domingo. Su cabeza fue llevada a Santo Domingo y colgada en una de las puertas de las murallas de esta ciudad, por lo que recibió el nombre de “La Puerta de Lemba Calembo”, llamada así en honor a este aguerrido guerrero. Recordado por su arrojo, valentía y lucha en favor de la libertad de su clase; un genuino referente de todos los pueblos oprimidos de América y del Mundo; un amante de la libertad, solidaridad y justicia social.

Los efectos de la rebeldía de los esclavos

Desde las primeras tres décadas del siglo xvi, negros rebeldes combatieron al ejército español, el más poderoso imperio de la época. Un sin número de cuadrillas de soldados españoles eran enviadas a perseguir cimarrones, destruyendo sus palenques y manieles dado que estos le ocasionaban cuantiosos gastos, afectaban grandemente las finanzas públicas. Las autoridades españolas, cuando lograban apresar a los cimarrones, les daban severos castigos a los prisioneros, propinándoles a muchos de ellos hasta la muerte; de esa manera intentaron acabar con la existencia cimarrona. Pero esos esfuerzos fueron en vano. Las cimarronadas continuaron y, aunque no con la misma intensidad, se extendió hasta finales del siglo xviii. El fracaso en las persecuciones a los alzados, les permitió a otros palenques proseguir su vida sin muchos inconvenientes. Cuando España y Francia firman el tratado de Ryswick (1697), donde la primera cedió Francia el control territorial de la parte occidental de la isla de Santo Domingo, muchos esclavos negros se fugaron a la parte oriental de la isla, zona que les facilitaba ocultarse en las montañas; lugar que era un espacio para alcanzar una vida libre. Además, las autoridades españolas fueron receptivas a las fugas de esclavos de la colonia francesa porque entendían que así se debilitaba el creciente poder francés y se podía aumentar la mano de obra en la colonia española de Santo Domingo.

Conclusión

A finales del siglo xv y principios del siguiente, los conquistadores y colonizadores españoles llegados a la isla de La Española impusieron un sistema de explotación, primero a la población nativa, pero en la medida que esta etnia se extinguía y no estaban en condiciones para este tipo de trabajo, se autorizó la importación de esclavos africanos para trabajar en las minas, en producción de azúcar y en otros reglones productivos.

Las duras condiciones laborales, el castigo, la discriminación, el exceso de hora laboral, entre otros aspectos, conllevaron a muchos esclavos negros a rebelarse contra el orden colonial. La traída de esclavos a la isla tiene una historia muy larga, entre los años de 1515 al 1518 se discutió la necesidad de importar más esclavos; la mayoría de las autoridades coloniales aconsejaban al monarca español Carlos V, que se adquirieran directamente de África y no en España, porque de estos últimos se tenía la convicción de que vivían en la península ibérica, conocían el castellano y podían comunicarse entre sí para urdir tramas y levantarse contra el sistema esclavista.

A pesar de esas precauciones, los primeros esclavos que fueron importados para trabajar en los ingenios azucareros se rebelaron en masa, y en diciembre de 1522 huyeron hacia las montañas y, aunque el levantamiento fue prontamente controlado, la huida continuó. Entre 1532 a 1546 la situación era muy grave para los propietarios esclavistas; reinaba un gran temor en el sentido de que los insurrectos pudieran apoderarse de toda la isla. Las montañas de Bahoruco, Neiba, San Juan de la Maguana, Azua, Higüey, La Vega, Santiago y otras se convirtieron en refugios y escenarios de persecuciones y combates entre fuerzas españolas contra líderes cimarrones, siendo Sebastián Lemba, junto a sus hombres, los más difíciles en ser capturados. Para hacer frente a los sublevados, la táctica de los españoles no fue efectiva, nunca variaron a lo largo de la vida colonial; los enfrentamientos eran directos; normalmente les montaban dispositivos de búsqueda por varios días; y los mismos daban como resultados la captura de algunos cimarrones que estuvieran por la zona; en estas circunstancias, un elemento fundamental era capturarlo para retornarlo a las haciendas. Así trataban de mostrar fuerza y poder contra todos aquellos que intentaran sublevarse. En su correría, las autoridades españolas pudieron aniquilar a los principales líderes cimarrones, pero no pudieron detener los alzamientos; los mismos perduraron durante todo el periodo de la vida colonial. El propio Alonso de Grajeda, Oidor de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada, llegó a expresar: “Las rebeliones eran inevitables y nunca faltarían debido a los aparejos y alientos que tenían los esclavos”, denota la incapacidad de las autoridades españolas para combatirlos.

Por intermedio de la revolución en la colonia francesa de Saint Domingue, caracterizada por violencias de todo tipo y ante la agudización del conflicto, el enviado especial del gobierno francés Sonthonax, en febrero de 1794, como forma de apaciguar los hechos, se vio obligado a conceder la abolición de la esclavitud. Años más tarde, el 1ro. de enero de 1804, la colonia francesa proclamó su independencia con el nombre “República de Haití”, convirtiéndose en la primera nación negra del mundo que obtuvo su libertad y la segunda del continente después de Estados Unidos de América, la que había declarado su independencia de Inglaterra el 4 de julio de 1776. De esa manera, por primera vez, los esclavos lograron su libertad anhelada.

Notas

    * El presente artículo forma parte de las investigaciones realizadas en el Doctorado en Humanidades impartido por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, periodo 2019-2022.
    1 Víctor Manuel Niño Roja, Metodología de la investigación: diseño y ejecución, (Bogotá: Ediciones de la U, 2011), 35.
    2 Víctor Manuel Niño Roja, Metodología de la investigación: 30.
    3 Sergio Gómez Bastar, Metodología de la investigación, (México: Red Tercer Milenio, 2012), 14-16.
    4 Hugh Thomas, La trata de esclavos, historia del tráfico de seres humanos de 1440 a 1780 Barcelona: Editorial Planeta, 1997), 89.
    5 Albert Batista, Celsa. Los africanos en nuestra isla. Santo Domingo (Editora La Trinitaria, 2010), 23.
    6 Consuelo Varela Bueno e Isabel Aguirre, La caída de Cristóbal Colón, El juicio de Bobadilla, (Madrid: Marcial Pons, Ediciones de Historia, 2006), 155. El manuscrito original, “pesquisa de Bobadilla,” se encuentra en la sección Incorporado Juros del Archivo General de Salamanca. Pág.178. El historiador Luis Gil Fernández fue el primero en difundir la historia de Juan Portugués. La primera mención documentada de la presencia de Juan Portugués en las Américas es un testimonio del año 1500 producido como componentes del juicio incoado contra Cristóbal Colón de parte de la Corona por su nuevo gobernador designado, Francisco de Bobadilla. Dicho testimonio fue encontrado por la archivera Isabel Aguirre y estudiado por la historiadora Consuelo Varela Bueno, en el mismo este hombre es identificado como Juan Moreno o Juan Prieto.
    7 Hugh Thomas, La trata de esclavos, 89.
    8 Juan Pérez Tudela, Las Armadas de las Indias, y los orígenes de la política de la colonización, 1492-1505, (Madrid: Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo, 1956), 90.
    9 Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias, Vol. I, (México: FCE, 1996), 273.
    10 La esclavitud del negro en Santo Domingo (1492- 1844)”. Museo del Hombre Dominicano. (Santo Domingo, Ediciones del Museo del Hombre Dominicano, 1980). 35.
    11 Hugh Thomas, La trata de esclavos, 90.
    12 Carlos Esteban Deive, El cimarronaje en la colonia española de Santo Domingo. (Mar Océana, Revista del Humanismo Español e Iberoamericano. No. 24), 65.
    13 Víctor Schoelcher, Esclavage et colonisation. París. Puf. 1948 (1ère édition). 2007 (réédition), 49.
    14 Aquiles Escalante Polo, El negro en Colombia, (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Facultad Sociología, 1964), 50.
    15 Cyriaque Simón Pierre, “Cimarronaje y temporalidad como formas de socialización de los esclavizados en los Palenques colombianos (Cartagena de Indias-siglo xvii)”, Revista Justicia, No. 15. junio 2009, (Universidad Simón Bolívar Barranquilla, Colombia, 2009), 21-31.
    16 Lévi-Strauss, Claude, Race et Histoire Race et Culture, (Paris: Ed. UNESCO, Réédition, 2011), 46.
    17 Carlos Federico Guillot, Negros rebeldes y negros cimarrones, (Buenos Aires: Fariña Editores, 1961), 16.
    18 Hugh Thomas, La trata de esclavos, 96
    19 Hugh Thomas, La trata de esclavos, 97.
    20 Eric Hobsbawm, Bandidos, (Barcelona: Editora Crítica, 2001), 26. La obra es una excelente producción sobre bandolerismo social, porque lo tratado en ella se adapta a todas épocas históricas en tiempo y espacio en que vive el hombre en sociedad, se caracteriza por su similitud; es un tipo de fenómeno social-universal, uniforme, en cada caso claramente definido. Su gran legado es que analiza con profundidad cada proceso, cómo sucede y porqué lucha el hombre por liberarse. Realiza análisis e investigaciones sobre acontecimientos y personajes de la historia social, incluso la propia historia social local; cómo la élite se ha encargado y encarga de callar historias de héroes, de sus líderes populares. Lo de primitivo y arcaico está en los vínculos de solidaridad, debido al parentesco en la tribu, que, combinados o no con vínculos territoriales, son las claves para la comprensión de las que suelen calificarse de sociedades “primitivas”, aún hoy no han dejado de existir.
    21 Carlos Esteban Deive, “El cimarronaje en la colonia española”, 59.
    22 Jaime De Jesús, Domínguez, Historia dominicana, (Santo Domingo: Editora ABC, 2001), 70.
    23 Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia General y Natural de las Indias, Tomo I, (Madrid: Imprenta de la Real Academia de la Historia, 1992), 98.
    24 “En cédula de 28 de diciembre de 1523”, en: Colección de documentos para la historia de la formación social de Hispanoamérica, 1493-1810, (Madrid: CSIC, 1953), 80.
    25 Franklin Franco, Historia del pueblo dominicano, (Santo Domingo: Sociedad Editorial Dominicana/Editora Taller, 1993), 71.
    26 Carlos Deive, “El cimarronaje en la colonia española”, 64
    27 Eric Hobsbawm, Bandidos, 59.
    28 Franklin Franco Pichardo, Historia del pueblo dominicano, 71
    29 José Antonio Saco, Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo y en especial en los países américo-hispanos, Tomo I, (La Habana: Editora Cultural, 1938), 196.
    30 Franklin Franco, Historia del pueblo dominicano, 71
    31 El capitán Tristán de Leguizamón junto a otros 25 españoles, fueron enviados por López de Cerrato, oidor y juez de residencia de la colonia. El propósito era perseguir y capturar al célebre caudillo cimarrón Sebastián Lemba. El cimarrón era conocido haber ejecutados grandes devastaciones en los campos de San Juan y Azua, raptando negras cautivas de las haciendas e incendiando ingenios en las zonas, como es el caso el ingenio azucarero de colonial Cepicepi, (nombre histórico Cepecepín), ubicado en las Charcas, Azua de Compostela, propiedad de Diego Caballero. Leguizamón y sus soldados logran capturarlo y luego darle muerte en 1548.

Referencias

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