Introducción
Al consumarse el ajusticiamiento de Rafael Leonidas Trujillo Molina, la noche del 30 mayo de 1961, e iniciarse el desmonte de la dictadura con la salida del país de sus familiares y colaboradores más cercanos; los sectores sociales, políticos y culturales cuyo desarrollo había sido limitado por la satrapía padecida durante tres décadas por el pueblo dominicano, no tardaron en procurar el control del espacio que se les había negado.
Por ese propósito, los años inmediatos al tiranicidio fueron de enfrentamientos y luchas entre los partidos y agrupaciones en que se dividió la nación. Unos orientaron sus esfuerzos a la recomposición del poder trujillista, como fue el caso de los altos mandos militares y de la oligarquía local. En cuanto al Partido Revolucionario Dominicano, predominó la inspiración en los ejemplos de la democracia que para entonces exhibía el continente americano. Mientras que, siguiendo a Roberto Cassá, los más radicales, entre los que contaban la dirección del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, asimilaban los pasos y la línea programática de la Revolución Cubana.[1]
La pugnacidad por el poder entre estos sectores se expresó en golpes y contragolpes de Estado, en gobiernos de facto, en la insurrección civil y la guerra patria. Para el estudio de estos años tan politizados se ha dependido casi con exclusividad de una muestra importante de la documentación generada por la Organización de Estados Americanos. Además, despiertan la atención los testimonios de algunos de sus principales actores porque permiten, y es un objetivo propuesto, la explicación de aquellos procesos desde sus valoraciones particulares.
Una parte importante de los testimonios referidos han sido presentados como primicia en talleres, coloquios y ciclos de conferencias celebrados al cumplirse el 50 aniversario de la Guerra de Abril de 1965. Sus resultados han sido recogidos en colecciones que superan más de un centenar de ensayos distribuidos en unos treinta 30 tomos. Como parte de este esfuerzo editorial vale mencionar la labor de coordinación de la Comisión Nacional para la Conmemoración del 50 Aniversario de la Gesta Patriótica de Abril de 1965, y entre sus miembros, al Ministerio de Defensa de República Dominicana, a la Comisión Permanente de Efemérides Patrias y al Archivo General de la Nación. Por el momento, solo se aborda una selección mínima de tan vasto acopio bibliográfico documental; queda como tarea pendiente el aprovechamiento de otras referencias, tan importantes como las referidas ahora.
Consejo de Estado y elecciones nacionales
Tras la desaparición física de Trujillo, con la aprobación del presidente John F. Kennedy, el 17 de diciembre de 1961 se acordó la formación de un Consejo de Estado que sería presidido por Joaquín Balaguer. Este tendría siete miembros, la mayoría pertenecientes a la agrupación Unión Cívica Nacional; además, según el general (r) Edwin Simmons, se acordó que su vicepresidente, Rafael Filiberto Bonnelly, pasaría a la presidencia una vez la OEA levantara las sanciones impuestas al país en julio de 1960 por el magnicidio fallido perpetrado por Trujillo contra Rómulo Betancourt.[2] Dicho Consejo fue instalado el 1 de enero de 1962, con la adición como miembros de monseñor Eliseo Pérez Sánchez, Luis Amiama Tió, Antonio Imbert Barreras, Eduardo Read Barreras y Nicolás Pichardo.
Este ensayo no funcionó debido al rechazo que provocaba Balaguer por haber sido parte de la dictadura decapitada. Por esa razón, la dirección de la Unión Cívica Nacional exigió su renuncia en un mitin celebrado el 16 de enero en el parque Independencia. La actividad fue reprimida por el general Rodríguez Echavarría, dejando un saldo, según el general Simmons, de cuatro civiles muertos y 19 heridos. Ante esos hechos, Balaguer simuló su renuncia y respaldó la instalación de una junta cívico militar impulsada por Rodríguez Echavarría, quien despertaba la sospecha de que simpatizaba con una dictadura presidida por Huberto Bogaert. Dicha junta fue desplazada dos días después por iniciativa del mayor Rafael Tomás Fernández Domínguez, provocando el asilo de Balaguer en la Nunciatura y su salida del país hacia Puerto Rico a principios de marzo.
El segundo Consejo de Estado fue presidido por Bonnelly, reconocido abogado y académico. Este integró como nuevos miembros a Donald Reid Cabral, el poder detrás del trono, en calidad de vicepresidente,[3] y a José Antonio Fernández Caminero. Mientras que, monseñor Eliseo Pérez Sánchez, Luis Amiama Tió, Nicolás Pichardo y Antonio Imbert Barreras, mantuvieron la membresía. Para muchos, el Consejo fue un fiasco, pues legitimó la represión con una ley contra acciones subversivas, continuó con las deportaciones y persecución contra los líderes de izquierda, y prohibió las protestas sociales.[4] A pesar de su impopularidad, Reid Cabral contempló su ratificación en el poder con la celebración de elecciones nacionales. Con ese fin modificó la Constitución en septiembre de 1962, estableciendo que los aspirantes a los cargos electivos debían tener cinco años residiendo en el país. No obstante, por presiones de Juan Bosch, del Partido Revolucionario Dominicano y de otras agrupaciones dirigidas por figuras del exilio antitrujillista, se aprobó que para optar por dichos cargos bastaba con ser dominicano de nacimiento.
Las elecciones nacionales de 1962
Las elecciones nacionales fueron fijadas para el 20 de diciembre de 1962 mediante la Ley 6050, aprobada dos meses antes. En estas participaron: Juan Bosch, como candidato presidencial del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y Segundo González Tamayo, postulado a la vicepresidencia; fueron sus aliados, Virgilio Vilomar, del Partido Nacional (PN), veterano dirigente del horacismo; y la Vanguardia Revolucionaria Dominicana (VRD), presidida por Horacio Julio Ornes Coiscou. Además, participaron Viriato Fiallo y José Augusto Puig, por la Unión Cívica Nacional (UCN); Virgilio Mainardi Reyna, candidato del Partido Nacionalista Revolucionario Dominicano (PNRD), fundado por Miguel Ángel Ramírez Alcántara; por el Partido Revolucionario Social Cristiano (PRSC), Alfonso Moreno Martínez, acompañado por Josefina Padilla, primera mujer candidata a la vicepresidencia en el país; Juan Isidro Jimenes Grullón y Buenaventura Báez Ledesma, por la Alianza Social Democrática (PASD).
Joaquín Balaguer, acompañado por Nicolás Silfa, intentó participar en las elecciones como candidato del Partido Revolucionario Dominicano Auténtico, pero fue rechazado por la Junta Central Electoral, con las boletas ya impresas. Por decisión de Manuel Aurelio Tavárez Justo, el Movimiento Revolucionario 14 de Junio no participó en las elecciones por considerarlas ultra reaccionarias y porque solo creía en la lucha armada, por lo que mandó a no votar.[5] Como afirma Rafael Pérez Modesto, su orden fue obviada por muchos militantes de dicho partido, que discretamente apoyaron el proceso y votaron por Juan Bosch.[6]
La experiencia de Estado de Bosch, acumulada por su amistad y colaboración con los presidentes José Figueres (Costa Rica), Rómulo Betancourt y Rómulo Gallegos (Venezuela), Carlos Prío Socarrás (Cuba), Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz (Guatemala), le facilitó el diseño de una campaña electoral superior a la presentada por Viriato Fiallo y Severo Cabral, candidatos de la UCN. Bosch impactó a los electores con la consigna: vergüenza contra dinero, planteada como símbolo moral en Cuba por Luis Orlando Rodríguez, dirigente del Partido del Pueblo Cubano, y difundida por Eduardo Chibás, su líder máximo.7 Otras consignas fueron las expresiones: el buey que más jala y borrón y cuenta nueva, con la cual ofertaba el perdón colectivo. Desde el programa radial Tribuna Democrática desarrolló una campaña efectiva gracias a su manejo magistral de la comunicación. También ganó simpatía por su desempeño en el debate que sostuvo el 17 de diciembre con el padre jesuita Láutico García, a quien demostró que no era comunista.8
En cuanto a Viriato Fiallo, se trataba de un médico exitoso cuyas inclinaciones patrióticas se manifestaron desde 1912 como dirigente estudiantil, en 1924 como opositor del plan de desocupación del Gobierno Militar yanki conocido como Hughes-Peynado; hasta convertirse en el líder político opositor a Trujillo más importante de los que permanecieron en el país.9 En 1962 se presentó como candidato presidencial de la UCN, fundada como agrupación patriótica en julio de
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en el foco guerrillero que lideró en Las Manaclas a finales de 1963.
7 Luis Orlando Rodríguez, “Mitin Partido del Pueblo Cubano”, revista Bohemia, Año 42, Núm. 20, 11.
8 Este debate, realizado por invitación de Juan Bosch, marcó un hito en la historia política y electoral del país. Durante más de tres horas ambos presentaron sus argumentos en la estación Radio Santo Domingo, pero la defensa de Bosch fue tan contundente que el sacerdote admitió que no veía en él a un marxista leninista. Por su afirmación, en la portada del diario El Caribe se leía al día siguiente que Bosch había demolido a Láutico García.
9 Santiago Castro Ventura, “Viriato Fiallo: ¡Basta ya! Por Dios presidente Balaguer”, https://acento.com.do, 1.
1961 y, apunta José del Castillo: convertida en partido político en febrero siguiente con la integración de más de dos mil miembros renunciantes del Partido Dominicano, otrora estandarte político de Trujillo. Entre las principales figuras de la UCN estaban: Emilio de los Santos, Antinoe Fiallo, Virginia Dalmau, José Fernández Caminero, Minetta Roques, Rafael Alburquerque Zayas-Bazán, Federico Henríquez Gratereaux, Osvaldo Peña Batlle, Asela Morel, Rafael F. Bonnelly, Jottin Cury y Arnulfo “Miñín” Soto.[7]
La inexperiencia en el campo electoral llevó a Fiallo a una campaña errática basada en las consignas: “arrancada hacia el progreso y, que el pobre sea menos pobre y el rico menos rico”. Prometió a los electores que libraría al país de las sombras del trujillismo, de la amenaza del ideal comunista y que derrotaría sin problemas al candidato y demás líderes del PRD.
Del activismo proselitista también merecen mención Juan Isidro Jimenes Grullón, presidente del PASD; y Francisco Antonio Avelino, su secretario general. Al parecer, las diferencias que desde el exilio distanciaron a Jimenes Grullón de Juan Bosch, se mantuvieron al regresar a la patria. Como recurso de campaña, los ataques aliancistas contra Bosch fueron despiadados, y en ocasiones, tan radicales como los proferidos por la UCN, la segunda fuerza política del momento. En su columna de la revista Ahora, Rafael Molina Morillo sostuvo que este comportamiento obedecía a la estrategia de que los votos de la izquierda, un tanto dispersos por el rechazo del 1J4 a las elecciones, no se fueran al PRD,[8] lo cual resultó lo inevitable.
En 1962, la población del país era de unos 3,5 millones de habitantes, de los cuales, 1,658,033 figuraban en el registro de electores. Datos de la Junta Central Electoral, presidida por Emilio de los Santos, establecen que 1,073,245 votantes, equivalentes al 64.73%, ejercieron el derecho al voto en las elecciones referidas. De estos, 1,054,954 resultaron válidos, y solo unos 15 mil, nulos, reflejo de que las elecciones fueron un éxito rotundo.
Resultados elecciones nacionales, Rep. Dom., 20 de diciembre de 1962
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Partidos políticos |
Votación |
% |
Senadores Diputados |
|
|
Partido Revolucionario Dominicano |
628,044 |
58.72 |
22 |
49 |
|
Partido Nacional |
1,667* |
|
|
|
|
Unión Cívica Nacional |
315,877 |
30.00 |
4 |
20 |
|
Partido Nacionalista Revolucionario Dominicano |
36,972 |
3.39 |
1 |
4 |
|
Partido Revolucionario Social Cristiano |
56,794 |
5.18 |
|
1 |
|
Alianza Social Democrática |
17,898 |
1.70 |
|
|
|
Partido Revolucionario Dominicano Auténtico |
1,273 |
0.12 |
|
|
|
Partido Vanguardista Revolucionario Dominicano |
6,886* |
|
|
|
Fuente: Elaborado por el autor, basado en la “resolución de la Junta Central Electoral que contiene la relación de los resultados definitivos de las elecciones generales extraordinarias celebrabas el 20 de diciembre de 1962”; publicada en la Gaceta Oficial, Núm. 8749, año LXXXIV, aprobada el 31 de marzo de 1963. Los partidos marcados con asterisco pactaron con el PRD, sumándole 8,553 votos, por lo que su porcentaje llegó a 59.53.
Gracias a la integración entusiasta de los electores, la distribución de los escaños senatoriales resultó de la forma siguiente:
|
Provincia |
Senador |
Partido |
|
Azua |
Jesús María Mella |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Barahona |
José Alt. Robert |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Baoruco |
Néstor Matos |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Dajabón |
Nicasio Ramón Aybar Núñez |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Distrito Nacional |
Thelma Frías de Rodríguez |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Duarte |
Amadeo Sturla Richetty |
Unión Cívica Nacional |
|
El Seibo |
Tomás Bobadilla |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Espaillat |
Manuel Rafael García Lizardo |
Unión Cívica Nacional |
|
Elías Piña |
Ocíades Piña Oviedo |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Independencia |
Julio Pausides Valenzuela |
Partido Revolucionario Dom. |
|
La Altagracia |
Sinforoso Pepén Solimán |
Partido Revolucionario Dom. |
|
La Romana |
José Américo Espinal Hued |
Partido Revolucionario Dom. |
|
La Vega |
Francisco R. Gómez Estrella |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Provincia |
Senador |
Partido |
|
María Trinidad Sánchez |
Juan Antonio Tanguí Medina |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Montecristi |
Carlos E. García Tavárez |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Pedernales |
Pablo R. Casimiro Castro |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Peravia |
Luis Ml. Tejada Peña |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Puerto Plata |
Carlos Grisolía Poloney |
Unión Cívica Nacional |
|
Salcedo |
Antonio Jaime Tatem Mejía |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Samaná |
Sinencio Lalane Demorizi |
Partido Revolucionario Dom. |
|
San Cristóbal |
Juan Tomás Fernández |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Sánchez Ramírez |
César Soto W. |
Partido Revolucionario Dom. |
|
San Juan de la Maguana |
Miguel A. Ramírez Alcántara |
Partido Nacionalista Revol. Dom. |
|
San Pedro de Macorís |
Juan Casasnova Garrido |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Santiago |
Aníbal Campagna |
Unión Cívica Nacional |
|
Santiago Rodríguez |
Ángel Guillermo Lora |
Partido Revolucionario Dom. |
|
Valverde |
Andrés Brito |
Partido Revolucionario Dom. |
Fuente: Elaboración del autor basado en la Gaceta Oficial Núm. 8749, año LXXXIV, del 31 de marzo de 1963, con la colaboración de Gilberto Uffre Báez.
Bosch asume la presidencia de la República
En su discurso de toma de posesión como presidente de la República, pronunciado el 27 de febrero de 1963, Juan Bosch anunció al país que trabajaría por la democracia política, económica y por la justicia social. Se pronunció a favor del respeto ciudadano como recurso para construir la paz, de la fe en el porvenir y contra el odio. Terminó su comparecencia ante la Asamblea Nacional con estas palabras: Mientras nosotros gobernemos, en la República Dominicana no perecerá la democracia.[9] En términos más directos, el vicepresidente González Tamayo había expresado antes que el nuevo gobierno acabaría con la oligarquía en República Dominicana, que se protegerían los principios democráticos al servicio del pueblo, no del lucro personal.13
El gobierno constitucional estuvo compuesto por el gabinete siguiente:
|
Ministros |
Ministerios |
|
Mayor General E.N., Víctor Elbys Viñas Román |
Fuerzas Armadas |
|
Dr. Abraham J. Jaar |
Presidencia |
|
Dr. Miguel Ángel Domínguez Guerra |
Interior y Policía |
|
Andrés Freites Barrera |
Relaciones Exteriores |
|
Lic. Jacobo Majluta |
Finanzas |
|
Señor Buenaventura Sánchez Félix |
Educación, Bellas Artes y Cultos |
|
Señor Silvestre Alba de Moya |
Trabajo |
|
Dr. Luis Lember Peguero |
Justicia |
|
Silvestre Antonio Guzmán Fernández |
Agricultura |
|
Dr. Samuel Mendoza Moya |
Salud y Previsión Social |
|
Ing. Luis A. del Rosario |
Obras Públicas |
|
Dr. Diego Bordas |
Industria y Comercio |
|
Señor José Antonio Brea |
Control y Recuperación de Bienes |
|
Dr. Francisco Humbertilio Valdez Sánchez |
Sin Cartera |
Contrario a lo que había sido el ejercicio del poder en tiempos de Trujillo y del Consejo de Estado que le sucediera, Bosch procuró reorientar la distribución de las riquezas del país, el acceso de los campesinos a la tierra, el control del latifundio, el crédito y la modalidad del cooperativismo. Asimismo, contempló incentivos a la reforma agraria y al sector industrial, defendió el derecho de los trabajadores a organizarse y condenó la malversación de fondos. Cumpliendo su oferta de campaña, también prestó atención a los principales aspectos de la vida nacional, como salud, educación, comunicación, manejo del agua y energía.
Contra la sumisión acostumbrada a los Estados Unidos, previo a la juramentación como presidente de la República, viajó a Europa con el fin de gestionar los recursos con que ejecutaría su plan
de inversión pública estimados en unos 150 millones de dólares. Además, cumplió las obligaciones con el Fondo Monetario Internacional, anuló la instalación de una refinería en beneficio de la Esso Standard Oil y, en el plano político, se negó a perseguir e irrespetar los derechos de los militantes de izquierda por su defensa, real o supuesta, de las ideas comunistas. Las consecuencias de sus iniciativas no se hicieron esperar.
Por razones coyunturales, sus medidas de mayor impacto fueron de carácter político. En lo concerniente al estado de derecho, su visión del ejercicio democrático del poder fue plasmada en la Constitución liberal promulgada en abril de 1963. En esta se registraron los elementos de un Estado que buscaba ejercer y promover la equidad social y la seguridad jurídica, garantes del adecentamiento del quehacer público y el desarrollo económico-social.[10]
De su contenido, Héctor Lachapelle Díaz, para entonces capitán de la FAD, destacó que la nueva Constitución tenía sus defensores militares, por contemplar que cada familia dominicana tuviera una vivienda, el deber del Estado de garantizar a los agricultores un mercado seguro y ventajoso, la erradicación definitiva del analfabetismo, velar por la conservación y protección del individuo y de la sociedad. De igual modo, consideró la consagración de la inviolabilidad de la vida, la injerencia de extranjeros en los asuntos políticos como lesión a la soberanía del Estado, y que los dominicanos que invocaren gobiernos o fuerzas militares extrañas para solucionar disputas serán declarados violadores de la soberanía nacional.[11]
El golpe contra la democracia
El reordenamiento de la propiedad de la tierra, el repudio a la firma de contratos leoninos, como el otorgado a la Esso Standard Oil; la imposición de precios tope a la libra de azúcar y al galón de miel, la defensa de las libertades ciudadanas, la pulcritud en el manejo de los asuntos de Estado, el apego por lo institucional y la defensa intransigente de la soberanía nacional asumidos por el presidente Bosch, están entre las medidas que aceleraron el sentimiento golpista de la burguesía tradicional y de los actores políticos comprometidos con la recomposición del trujillismo. De igual forma reaccionaron los diseñadores de la política exterior de los Estados Unidos para la región.
Las políticas y libertades públicas practicadas con transparencia durante el gobierno de Bosch provocaron la resistencia de los sectores sociales beneficiados antes por otros procedimientos. Su rechazo se radicalizó en septiembre con reclamos de reivindicaciones de los maestros, las huelgas provinciales y generales en los ingenios azucareros y el respaldo del comercio coordinado por el Comité Cívico Anticomunista, a cargo de Enrique Alfau. Igual de impactantes resultaron las manifestaciones de reafirmación cristiana convocadas por la Iglesia católica como rechazo a la orientación laica que se quiso dar a la educación.
La presión de estos sectores fue tan efectiva que cada día crecía la sensación de que el gobierno estaba acorralado. En su defensa, tras vencer la posición contraria de Bosch, salieron José Francisco Peña Gómez y Washington de Peña, con la compañía de Jacobo Majluta como proveedor de las informaciones acerca de las acciones del gobierno que se debían destacar. En sus alocuciones radiales se refirieron a la trama golpista contra el gobierno constitucional y a la necesidad de preservarlo por el bien de la nación.[12] Pero, a pesar de que el Catorce de Junio y el Partido Revolucionario Social Cristiano hicieron causa común con el partido de gobierno, ya era tarde.
En el artículo: “Historia íntima de cómo se desarrolló el golpe militar”, Rafael Molina Morillo narra que al mediodía del 24 de septiembre la idea de un golpe militar era un secreto a voces. Por ese rumor, un colaborador cercano había pedido al presidente que no durmiera en su casa esa noche porque el plan incluía asesinarlo. La reacción de Bosch fue reunirse de inmediato con el embajador John Bartlow Martin y Sacha Volman, quien fungía como enlace en 1961 entre el líder del PRD y el presidente Kennedy.[13] Contra ese rumor, el diplomático estadounidense propuso colocar la flota de marines estadounidenses a seis horas de las costas dominicanas. En un primer momento, su petición fue rechazada, pero al rectificar por lo inminente del golpe, la flota estaba a 20 horas del suelo dominicano, y no llegaría a tiempo.
Esa noche, en lugar de permanecer en su casa, el presidente Bosch decidió ir a Palacio, donde también estaba la sede de las Fuerzas Armadas. Allí se reunió con su mando mayor, de quien no recibió ningún pliego de condiciones a cambio de apoyo, sostiene la fuente referida. Sí se reiteró que se debía combatir el peligro del comunismo, al tiempo que, como se supo que el presidente se proponía la cancelación del coronel Elías Wessin y Wessin, el general Antonio Álvarez Albizu y el coronel Guarién Cabrera Ariza, pilotos FAD, comisionados por el general Atila Luna Pérez, comunicaron al presidente que la aviación no aceptaba ningún cambio en sus filas. Absorto, Bosch dio por terminada la reunión con el anuncio de que renunciaba a la Presidencia de la República.[14]
En la madrugada del 25 de septiembre, Bosch había redactado su renuncia, y convocado a la Asamblea Nacional para anunciar que dejaba la primera magistratura del Estado. Pero el acto no tuvo lugar. Hacia las cuatro de la madrugada, Viñas Román regresó al despacho presidencial y le expresó al presidente que, junto a sus acompañantes, estaba detenido. Los militares habían tomado el poder.[15]
En la madrugada del golpe, el teniente coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez expresó su disposición a tomar el Palacio Presidencial junto a un grupo de oficiales fieles al orden institucional, pero el presidente depuesto rechazó esta reacción. Entre los oficiales comprometidos con la toma de la sede presidencial estaban, además de Fernández Domínguez, el mayor Roberto Antonio Cabrera Luna , el cap. Fernando Cabrera Ortega, el capitán Héctor Lachapelle Díaz, el capitán Rafael Armando Quiroz Pérez, el primer teniente Lorenzo Sención Silverio, el primer teniente Marino Antonio Almánzar García, el primer teniente Antonio González González, el primer teniente Gerardo Antonio Brito Brito, el primer teniente José René Jiménez Germán y el primer teniente Freddy Piantini Colón. Para entonces, asignados a la Fuerza Aérea Dominicana.
Luego de varios meses de conspiración contra el orden institucional, sumadas las voluntades conservadoras locales con el interés político de los Estados Unidos, en la madrugada del 25 de septiembre de 1963, se anunció el derrocamiento del gobierno de Juan Bosch. El golpe contra la revolución democrática en proceso fue orquestado por los altos mandos de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, dirigidos por los generales Elías Wessin y Wessin y Antonio Imbert Barreras, respectivamente. Seguidos por Víctor Elby Viñas Román, mayor general Ejército Nacional y secretario de las Fuerzas Armadas; los generales Renato Hungría Morel, jefe de Estado Mayor EN; Atila Luna Pérez, jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea Dominicana; Julio Alberto Rib Santamaría, jefe de Estado Mayor de la Marina de Guerra y Belisario Peguero, jefe de la Policía Nacional, y por los jefes de las dependencias bajo su jefatura. Estos anunciaron al país que a partir del 25 de septiembre:
- La doctrina comunista, marxista leninista, castrista o como se le quiera llamar, y los partidos políticos que la profesan, sus dirigentes y cabezas visibles, quedan fuera de la ley;
- Se depone el Gobierno de la República Dominicana por propiciar atentados contra la Constitución en cuanto a la esencia del Estado, la destrucción de la confianza pública y la violación de los derechos fundamentales de los ciudadanos, así como por haberse revelado incapaz de encausar el país por las vías del orden, el respeto a la ley, la seguridad general, la paz, el progreso y el orden común;
- Queda sin efecto la Constitución votada en 1963 y disueltas las cámaras legislativas actuales;
- Se pone en vigor la Constitución del 17 de junio de 1962;
- Se formará un gobierno provisional presidido por un ciudadano eminente, extraño a partidos políticos militantes, mientras eso se haga, las Fuerzas Armadas asumirán funciones ejecutivas; y
- Se respetarán los compromisos internacionales válidamente contraídos por la República Dominicana, y se garantizan los derechos humanos y del ciudadano, tanto civiles como políticos.[16]
En iguales términos, el Consejo Nacional de Hombres de Empresas, la Cámara de Comercio, Agricultura e Industria del Distrito Nacional, la Confederación Patronal de la República Dominicana, la Asociación de Industrias de la República Dominicana, de Hacendados y de Agricultores, expresaron en un comunicado el deseo de que:
- Se operaren los cambios necesarios sin subvertir los principios esenciales del sistema democrático, ni la libertad del hombre;
- Prosperaran la justicia social y las esencias cristianas del pueblo dominicano;
- No se realizaran confiscaciones de bienes ni se controlara la plusvalía;
- Terminara la infiltración de las ideas comunistas; y
- Se evitara que el país se convirtiera en una segunda Cuba.[17]
En principio, estos manifiestos fueron apoyados por Viriato Fiallo, líder de la Unión Cívica Nacional; Horacio Julio Ornes Coiscou (Vanguardia Revolucionaria) y Juan Isidro Jimenes Grullón (Alianza Social Demócrata), y por la cúspide de la Iglesia católica. Esta, a pesar de que al debatir con el padre Láutico García, Bosch demostró que no era comunista, persistía en que sí lo era. De igual modo, desde Puerto Rico, Balaguer también acusó al gobierno de izquierdizante y que iba camino al comunismo.
Como dato curioso, destaca el respaldo al derrocamiento del gobierno Constitucional ofrecido por dirigentes del exilio antirujillista como Ramón A. Castillo y Miguel Ángel Ramírez Alcántara, Juan Isidro Jiménes Grullón, Horacio Julio Ornes Coiscou y Poncio Pou Saleta. Este colaboró poniendo su emisora, Radio Pueblo, al servicio de los golpistas.[18] Tan comprometidos estaban, que el segundo de los señalados ocupó el ministerio de Agricultura durante el Triunvirato, y en el caso de Nicolás Silfa, quien junto a Ramón A. Castillo y Ángel Miolán, vino al país como avanzada del PRD en julio de 1961, llama la atención su alianza con Balaguer desde temprano. Con su conducta, ponían en entredicho la imagen patriótica que habían construido en el exilio.
En sentido opuesto, la prensa de la época reservó el espacio de sus editoriales para pronunciarse contra los golpistas. En la edición del 24 de septiembre, la revista Ahora fijó posición al respecto y reprodujo la de los demás medios. En su caso, rechazó la acción de los grupos castrenses por considerar, que juzgar si el gobierno iba mal o bien correspondía al pueblo, no a ellos. Por su lado, El Caribe expresó que se trataba de un duro golpe a la democracia, lamentó el quiebre de la vida institucional y solicitó su pronta restitución. En igual sentido, para el Listín Diario se trataba de un acto ilegal contra el orden jurídico dominicano. Destacó que la lucha más efectiva contra el comunismo era trabajar noche y día contra la miseria, las enfermedades y el hambre. Solo Prensa Libre, alineada con la Unión Cívica Nacional, justificó la inconstitucionalidad de los triunviros.[19]
El gobierno del Triunvirato
El gobierno del Triunvirato quedó instalado el 26 de septiembre de 1963, y fue reconocido por Estados Unidos tres meses después con la condición de que llamaría a elecciones nacionales en dos años. Su primer presidente fue Emilio de los Santos, junto a Ramón Tapia Espinal y Manuel Enrique Tavárez Espaillat.
Con el apoyo de sectores de la burguesía tradicional, del alto mando de las Fuerzas Armadas, de los sectores urbanos pudientes y de la jerarquía de la Iglesia católica, los triunviros integraron al gobierno a las agrupaciones políticas que apoyaron el golpe del 25 de septiembre. Le asignaron cuatro ministerios a la Unión Cívica Nacional (Viriato Fiallo), tres a Vanguardia Revolucionaria (Horacio Ornes), dos a la Alianza Social Demócrata (Jimenes Grullón), dos al Partido Nacionalista Revolucionario Dominicano (PNRD) (Miguel Ángel Ramírez), uno al Partido Demócrata Cristiano, desprendimiento del Partido Revolucionario Social Cristiano liderado por Mario Read Vittini; y otro para el Partido Progresista Demócrata Cristiano (PPDC), dirigido por Ramón Castillo.[20]
Gabinete inicial del gobierno del Triunvirato
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Secretario de Estado |
Secretaría |
Partido Político |
|
Mayor Gral. Víctor E. Viñas Román |
Fuerzas Armadas |
¿? |
|
Dr. Ángel Severo Cabral |
Interior y Policía |
Unión Cívica |
|
Dr. Mario Read Vittini |
De la Presidencia |
Partido Demócrata Cristiano |
|
Pedro Manuel Cassals Victoria |
Finanzas |
Alianza Social Demócrata |
|
Carlos María Hernández |
Educación, Bellas Artes y Cultos |
Partido Demócrata Cristiano |
|
Gral. Miguel A. Ramírez Alcántara |
Agricultura |
PNRD |
|
Dr. Alcibíades Espinosa |
Salud y Prevención Social |
Unión Cívica |
|
Dr. Carlos Grisolía Poloney |
Trabajo |
Unión Cívica |
|
Dr. Hipolitito Sánchez Báez |
Justicia |
Alianza Social Demócrata |
|
Secretario de Estado Secretaría |
Partido Político |
|
|
Dr. Luís Augusto Ginebra Obras Públicas Hernández |
Vanguardia Revol. Dom. |
|
|
José Rolando Martínez Industria y Bonilla Comercio |
Vanguardia Revol. Dom. |
|
|
Sr. Garrido Puello Propiedades Públicas |
PNRD |
|
|
Dr. Pompilio Brower Castillo Secretario sin Cartera |
PPDC |
|
Nota: Para la ubicación de los partidos políticos según las secretarías de Estado, se tomó como fuente el artículo: “Saldo de un mes trágico”, publicado por Rafael Molina Morillo, revista Ahora, año XI, Núm. 515, el 24 de septiembre de 1973.
Como primeras iniciativas de gobierno, el 26 de septiembre, Emilio de los Santos anunció que se garantizaría la libertad de empresa, que no habría ni explotados ni explotadores, que se haría una reforma agraria científica, que daría facilidades a la inversión de capital extranjero y que se fortalecerían los vínculos con organismos internacionales como la OEA, la Alianza para el Progreso, el Banco Interamericano y otros. Pero, a sus intenciones se impuso la línea de acción de la plana mayor de las Fuerzas Armadas, que incluía el desconocimiento de los derechos ciudadanos, la disolución del Congreso Nacional y la sustitución de la Constitución de 1963 por la impuesta por el Consejo de Estado en 1962.[21] Además, el Triunvirato prohibió toda actividad comunista, impuso el toque de queda, traspasó a particulares bienes de la familia Trujillo que habían sido confiscados, y en el aspecto militar, el mismo día del golpe ordenó la cancelación de los oficiales que rechazaban la deposición de Juan Bosch.[22]
El nuevo gobierno fue represivo contra sus adversarios, especialmente contra la militancia del Partido Revolucionario Dominicano; pero flexible frente a los actos dolosos cometidos por sus funcionarios, especialmente en las administraciones de las cantinas que daban servicio a los militares, quienes percibían la limitación de otros privilegios.
Las expectativas despertadas por los triunviros se desvanecieron con la ejecución del plan de austeridad financiera impuesto por los Estados Unidos a través del Fondo Monetario Internacional, cuyos efectos resultaban intolerables a pesar de que, durante los años 1962-1965, la ayuda norteamericana superó los cien millones de dólares. De pronto, se reactivaron las movilizaciones en los barrios y entre los estudiantes con las demandas democráticas del PRD, mientras que las capas populares avanzadas y la pequeña burguesía se acercaban a la vía insurreccional del Movimiento Revolucionario 14 de Junio.[23]
Emilio de los Santos renunció a la presidencia del Triunvirato el 28 de diciembre de 1963 como rechazo a las ejecuciones de las Fuerzas Armadas contra Manuel Aurelio Tavárez Justo y parte de sus acompañantes en el fallido foco guerrillero de Las Manaclas. Su salida también fue justificada por sus diferencias con los altos mandos del Campamento Militar 27 de Febrero, quienes rechazaron su decisión de rehabilitar al general (r) Guarionex Estrella Sadhalá como general de brigada del Ejército Nacional. Esta decisión se debió a su condición de hermano de Salvador Estrella Sadhalá, a decir de Imbert Barreras, uno de los más meritorios entre los participantes en el magnicidio del 30 de mayo de 1961. Guarionex había sido torturado al considerarlo cómplice de aquellos hechos, por lo que se temía que identificara a sus verdugos. Se afirma que esta crisis tambaleó al Triunvirato.
De los Santos fue sustituido por Donald Reid Cabral. Poco después, por la renuncia de Tapia Espinal, fue designado Ramón Cáceres Troncoso. Igual decisión tomó Tavárez Espaillat, pero la vacante producida no fue ocupada, lo cual indica que operó un triunvirato de dos, bueno, en los hechos, llegó a ser de uno. Para muchos, la fórmula de las Fuerzas Armadas era trabajar solo con Reid Cabral y así pasó.
En poco tiempo, la anomalía se apoderó de todas las actividades de la sociedad dominicana, públicas y privadas. El sistema constitucional quedó deshecho por un gobierno afectado por las pasiones políticas, tan excepcional, que fue instalado por un notario por la anulación de la Asamblea Nacional. Una ocasión tan solemne, se trató como la venta o permuta de un bien cualquiera.[24] Todo, en parte, por el predominio del poder militar sobre el civil, causante de la ruptura de la alianza partidaria que dio paso al Triunvirato.
La rebelión constitucionalista
A raíz del asesinato de Trujillo, varios oficiales jóvenes comprendieron que se imponían la profesionalización y el respeto a los preceptos constitucionales en los hombres de uniforme. Siguiendo este sentimiento, en enero de 1962, el mayor Rafael Tomás Fernández Domínguez, con otros compañeros, mostró su apego por el orden institucional al tomar el Club de Oficiales de San Isidro, impedir la acción golpista de Rodríguez Echavarría y reponer como miembros del Consejo de Estado a Rafael F.
Bonnelly y a Eliseo Pérez Sánchez.
Desde entonces, la oficialidad constitucionalista siguió el desempeño del Consejo de Estado en la organización de las elecciones nacionales de diciembre de 1962. Su convicción era apoyar el gobierno que eligiera el pueblo, y si era derrocado, reponerlo. Quedaba claro que su estandarte no era Juan Bosch, sino el orden institucional. Ocho meses después, se impuso la tarea de la reposición de dicho orden depuesto por la fuerza y sustituido por el gobierno del Triunvirato. Al cumplirse el 50 aniversario de la Guerra de Abril, el general (r) EN, Miguel Hernando Ramírez, ratificó este principio al afirmar que: Los oficiales del Movimiento Constitucionalista no éramos políticos. Fuimos y somos institucionalistas..., por la constitucionalidad muero yo en este país.[25]
El Movimiento Militar Constitucionalista, llamado también Enriquillo o Movimiento Restaurador Democrático, creado y liderado por Fernández Domínguez, luchó por la reposición del gobierno de Bosch inspirado en la consigna: “Que los militares devuelvan al pueblo lo que le han quitado”. Su meta fue respaldada, entre otros, por los oficiales Hernando Ramírez, Francisco Alberto Caamaño Deñó, Johnny Contín, Rafael Yege Arismendi, Manuel Ramón Montes Arache y los Hombres Rana. Por esta meta también trabajaron Héctor Lachapelle Díaz, Jesús de la Rosa, Lorenzo Sención Silverio, Rafael A. Quiroz Pérez, José R. Jiménez Germán y Ernesto González y González.
Las primeras acciones contra los triunviros se expresaron en octubre de 1963, cuando, con la coordinación del general piloto Santiago Rodríguez Echavarría, Lachapelle Díaz y otros oficiales planearon tomar el control de la base aérea de Santiago, comandada por el coronel Simó Canó; y desde esta pronunciarse contra el gobierno de facto.[26] El plan no funcionó, por el envío forzoso de Fernández Domínguez a España y Chile como agregado militar del país, quedando el coronel Hernando Ramírez al mando del movimiento.
En la parte civil, los planes contra el Triunvirato avanzaron con la decisión de Bosch de asignar la coordinación a José Rafael Molina Ureña asistido por José Francisco Peña Gómez y otros dirigentes del PRD. Sus primeros frutos se conocieron a mediados de 1964 al lograr el apoyo de las asociaciones y del pueblo a la consigna: retorno de Bosch sin elecciones. Otro avance fue el acercamiento entre seguidores de Joaquín Balaguer y de Bosch, logrado en diciembre de ese año con la difusión de la noticia de que, con la exclusión de ambos líderes, los triunviros, siguiendo las recomendaciones de los Estados Unidos, pretendían celebrar elecciones generales en septiembre de 1965.
Lachapelle Díaz sostiene que los constitucionalistas contemplaron la llegada al país del coronel Fernández Domínguez en los inicios de 1965 por la costa de Guayacanes. Allí sería recibido por el oficial de la Marina de Guerra, Jesús de la Rosa, y conducido al puerto de Santo Domingo, donde se reuniría con el coronel Caamaño. También se contempló la ruta Santiago de Chile-Caracas, con la ayuda del cónsul dominicano Antinoe Fiallo. Pero, el líder constitucionalista llegó al país poco después del estallido del 24 de abril de 1965.
El 24 de abril de 1965, el jefe de Estado Mayor, EN, general Marcos Rivera Cuesta, con la acusación de que conspiraban contra el gobierno, dispuso la cancelación de los miembros del Ejército Nacional, teniente coronel Geovanny Gutiérrez, mayores Juan M. Lora Fernández y Eladio Ramírez, y del capitán José Noboa Garnes. Este episodio incendió la chispa de la rebelión constitucionalista. Sin perder tiempo, Hernando Ramírez, teniente coronel (EN), ordenó el rescate de esos oficiales al capitán Mario Peña Taveras y la detención de Rivera Cuesta y sus acompañantes. En virtud de que no fue posible contactar a Rafael Molina Ureña, también ordenó llamar a José Francisco Peña Gómez para que, a través del programa Tribuna Democrática, transmitido por la emisora Radio Comercial, localizada entonces en la Ciudad Colonial, comunicara al país que había comenzado el restablecimiento del gobierno constitucional de Juan Bosch.
Al escuchar el llamamiento de Peña Gómez, realizado con las notas de la Marsellesa de fondo, el pueblo se lanzó a las calles en la capital. Su apoyo a la causa por la democracia y el retorno de la esperanza perdida fue absoluto. Con gran entusiasmo, dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano, y militares constitucionalistas encabezados por el capitán Lachapelle Díaz, tomaron las instalaciones de la televisora estatal Radio
Santo Domingo.[27] Para los comentaristas estadounidenses, se trató de un golpe de Estado comunista auspiciado por constitucionalistas revoltosos que operaban como bandas callejeras o turbas de la chusma; contra los leales al alto mando militar conservador con sede en San Isidro.[28]
Como desmentido a esta clasificación, destaca la idea de que los “revoltosos” contaron con el apoyo de unos 1,200 soldados, la mayoría del Campamento 16 de Agosto, respaldados por el cuerpo elite de la Marina de Guerra conocido como el comando de los Hombres Rana. Su comandante, Manuel Ramón Montes Arache, rechazó la invitación a unirse a los “leales” que le formulara el vicealmirante Francisco Javier Rivera Caminero, jefe de Estado Mayor de la Marina de Guerra (hoy Armada de la República Dominicana); y se integró al bando constitucionalista, según afirmara, por el rechazo del pueblo al gobierno corrupto e ilegítimo del Triunvirato, el respeto a la voluntad popular y al orden institucional torpemente vulnerado.[29] Por sus destrezas en el ámbito de la guerra, este cuerpo elite adiestró a los civiles organizados por barrios, partidos políticos y pueblos de origen, en unos 40 frentes de combate llamados comandos.
El 25 de abril, por su condición de presidente de la Cámara de Diputados, los rebeldes instalaron a Rafael Molina Ureña como presidente de la República hasta el retorno de Bosch. Su designación coincidió con el traspaso del mando militar al coronel Caamaño por las limitaciones de salud de Hernando Ramírez. Previamente, este había participado en la reunión celebrada esa mañana en la Presidencia con el coronel piloto Bartolomé Benoit, en representación de la alta oficialidad de San Isidro. Al conocer el rechazo a su plan de instalar una junta militar, Benoit sentenció: la división de las Fuerzas Armadas es inevitable, por lo que al país le esperaba la guerra civil y la intervención foránea.[30] Su razonamiento indica que su solicitud de la intervención de los Estados Unidos estaba prevista.
Cumpliendo con la advertencia de que, de no deponer las armas, los sublevados serían atacados, Donald Reid apoyó el bombardeo al palacio de gobierno la tarde del 25 y al día siguiente contra las guarniciones y posiciones en la margen oriental del río Ozama, a cargo de Hernando Ramírez. Su capacidad de fuego en la misma zona aumentó dos días después, llevando a las fuerzas de San Isidro a proclamar el sometimiento de las fuerzas “insurrectas”.
Para resistir la embestida, el bando constitucionalista dotó de armas a la población civil, lo cual provocó, como medida preventiva, el emplazamiento desde la isla Vieques, Puerto Rico, del Grupo Anfibio de Tareas Rápidas a unas 30 millas de las costas dominicanas. Esta medida facilitó la primera jornada de evacuación de unas 1,700 personas hacia San Juan, Puerto Rico; trasladadas en camiones y bus desde el hotel El Embajador hasta Haina.
En la mañana del 27, en compañía del presidente Molina Ureña, el coronel Caamaño, comandante en jefe de los constitucionalistas, giró una visita al embajador norteamericano William Tapley Bennett. Como le planteó la necesidad de buscar una salida no violenta a la decisión del general Elías Wessin y Wessin y otros oficiales, de tomar el puente Duarte con una unidad de tanques, y frenarlo en su intención de tomar el Palacio Nacional para instalar una Junta Militar como gobierno provisional.35 La respuesta del embajador Bennett no pudo ser más arrogante. Sin condiciones, exigió la rendición de los “insurgentes” con la advertencia de que, de no hacerlo, serían sometidos a los tribunales.
En palabras de Norge Botello, jefe del Comando B-3, la severidad y el tono humillante de la petición del embajador Bennett provocaron la salida de la
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sobre la Revolución de 1965 (Santo Domingo: Editora Búho, 2017), 185.
35 Norge Botello, “Organización, estallido y desarrollo de la contienda”, en: Guerra de Abril: Inevitabilidad de la historia (Santo Domingo: Editora Búho, 2017), 167.
reunión de los dirigentes del PRD, encabezados por Molina Ureña, algunos dispuestos a buscar asilo político en embajadas latinoamericanas. En cambio, el mando militar constitucionalista, a cargo de Caamaño, Montes Arache, Lora Fernández, Lachapelle Díaz, Marte Hernández…, junto a sus tropas y a civiles armados, decidió combatir en el puente Duarte contra el avance de las fuerzas de San Isidro. Impedido de tomar este objetivo militar, el bando dirigido por Wessin y Wessin se vio afectado por la deserción de centenares de oficiales y soldados.[31] Con estos resultados, Caamaño quedó consagrado como la primera figura militar de la Guerra de Abril de 1965.
Desembarco de los marines
Los avances de los constitucionalistas durante los primeros cuatro días de rebelión convencieron a los Estados Unidos de que sus aliados locales eran causa perdida, y de que el regreso de Bosch a la Presidencia era inminente. Para impedirlo, no para salvar la vida a sus connacionales, como se adujera, el presidente Lyndon B. Johnson autorizó el desembarco gradual de 42 mil marines en Santo Domingo. De estos, según el reporte periodístico de Rafael López Rosas, 556 marinos, 1,700 infantes de Marina y 2,500 paracaidistas de la 82 División aérea del Ejército, debieron ocupar territorio dominicano el 28 de abril de 1965.[32] Pero, en menos de una semana, los marines desembarcados eran unos 14,000, cifra denunciada por los rusos en sesión celebrada el 5 de mayo por la ONU. Mientras que, las fuerzas constitucionalistas llegaban a unos 300 militares y 12,000 civiles.[33]
Para el periódico The New York Times, el número de soldados era superior a la necesidad. Los desembarcos superaron la suma de las tropas emplazadas por Estados Unidos en Panamá (1903), en Cuba (1906), en México (1914), en Haití (1915), en la República Dominicana (1916) y en Nicaragua (1927).[34] Bosch expresó mayor asombro al destacar que para la fecha, los marines que ocupaban a Santo Domingo duplicaban a los enviados por Estados Unidos al invadir Vietnam e iniciar con esta medida uno de los hitos más complejos de la Guerra Fría. Declaró en Puerto Rico que ese número desproporcionado de marines indicaba que el gobierno de los Estados Unidos buscaba defender el statu quo en Santo Domingo, sin ninguna consideración por la voluntad del pueblo dominicano.[35] La idea era mostrar una cantidad apreciable de recursos para desmoralizar al pueblo dominicano y no tener que usarlos.
Según los locutores Luis Armando Asunción, Luis Acosta Tejeda y Pedro Muñoz Batista,[36] al realizarse los primeros desembarcos de marines en territorio dominicano, el Triunvirato ya no contaba en la toma de decisiones de los “leales”. Desde el 1 de mayo fue relevado por una junta militar con sede en San Isidro, presidida por Bartolomé Benoit, quien afirmó años después que se le asignó ese papel sin consulta previa. El coronel Enrique Casado Saladín, EN, y el capitán de navío Olgo Santana Carrasco, lo acompañaron en dicha junta. Para su líder, el general Elías Wessin y Wessin, dichos desembarcos no debían verse como una intervención, sí como una ayuda moral de los Estados Unidos a un pueblo que se encuentra en graves apuros y que necesita de alguien que medie para restaurar la calma cuanto antes.[37]
En una semana, por iniciativa de los embajadores Bartlow Martin y William Tapley Bennet, la junta referida fue sustituida por el Gobierno de Reconstrucción Nacional, presidido por el general Antonio Imbert Barreras e instalado en la zona conocida como Centro de los Héroes (La Feria). Lo acompañaron Carlos Grisolía Poloney, el coronel Pedro Bartolomé Benoit, el ingeniero Alejandro Zeller Cocco y el Lic. Julio Postigo, quien presentó renuncia y fue sustituido por Leonte Bernard Vásquez. De sus excesos, vale mencionar la acción conocida como Operación Limpieza, en la que los habitantes de los barrios de la zona norte de la capital, los días 13-18 de mayo, fueron perseguidos, encarcelados, golpeados y, en caso extremo, asesinados con el apoyo de las tropas interventoras de los Estados Unidos.
De manera insólita, los estrategas estadounidenses, al tiempo que impusieron el gobierno de Reconstrucción Nacional para que diera la cara ante los desmanes que con su apoyo cometían contra la población, mantenían conversaciones con el coronel Caamaño, juramentado como presidente constitucional de la República el 3 de mayo. Pero el rol asignado a Imbert Barreras en nada impactaba, pues, a decir de José Arsenio Torres, periodista de El Mundo, este no era más que un presidente y un general sintético.
El arbitraje de la OEA
La Organización de Estados Americanos (OEA en adelante) nació en 1948 con el objetivo de asumir la defensa de los intereses de los Estados miembros. Fue concebida como la Organización de las Repúblicas Americanas, pero su nombre fue cambiado con la finalidad de que Canadá pudiera ser integrada en algún momento. Sus antecedentes más cercanos son el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) o Tratado de Río, firmado en 1947 en Río de Janeiro, en el marco inicial de la Guerra Fría; y la Carta de Bogotá, firmada en 1948 en el marco de la Novena Conferencia Internacional Americana.
En términos históricos, la OEA tiene como precedentes las ideas de integración de los estados emancipados del imperio colonial español en América. Simón Bolívar hizo el primer esfuerzo al convocar en 1824 el Congreso de Panamá. A su iniciativa, lamentablemente fallida, siguieron las de México en 1831, de Perú en 1839, y en 1847 al celebrarse el Congreso Americano de Lima con la asistencia de Bolivia, Chile, Nueva Granada y Perú. En 1877, fue celebrado en Lima el Congreso Americano de Jurisconsultos.[38] La idea de la integración dio un giro con la convocatoria de la Primera Conferencia Internacional Americana anunciada en 1889 por Benjamín Harrison, presidente de los Estados Unidos. A estas siguieron otras ocho hasta lograr en 1948 la conformación de un sistema interamericano defensor de sus intereses, regido, en parte, por la Carta Constitutiva de la OEA.
La Décima Reunión de Consulta de la OEA
El avance de las tropas constitucionalistas aceleró la orden unilateral del desembarco de marines en Santo Domingo, dada por Lyndon B. Johnson el 28 de abril de 1965. El presidente decidió actuar primero e informar después, informar, no deliberar. Con su decisión violaba la carta constitutiva de la OEA, especialmente su artículo 15, que desautoriza la ejecución de actos injustos de un Estado contra otro, a pesar de su derecho a proteger y desarrollar su existencia. Mientras dice, en su artículo 17, que “Cada Estado tiene el derecho a desenvolver libre y espontáneamente su vida cultural, política y económica. En este libre desenvolvimiento el Estado respetará los derechos de la persona humana y los principios de la moral universal.” A pesar de que violaba su esencia, horas después del desembarco de marines, Estados Unidos apoderó a la OEA como gestora aparente de la búsqueda de solución a la crisis de Santo Domingo.
Las primeras reuniones del Consejo de la OEA fueron convocadas el 29 y el 30 de abril. Por iniciativa del embajador de Chile, se aprobó la celebración de la Décima Reunión de Consulta. En esta participaron los cancilleres de los estados miembros de dicho organismo, junto al secretario general José A. Mora, diplomático uruguayo evaluado por sus pares como de modales suaves. El objetivo de la Conferencia era estudiar la grave situación creada por la lucha armada en República Dominicana y lograr la paz. La Comisión de Credenciales informó el registro de 20 países como participantes, la ONU estuvo representada por un observador, y como delegados especiales asistieron Barbados, Jamaica, Trinidad y Tobago.[39] En representación del país, el embajador Bunker impuso la participación de Bonilla Atiles, defensor y parte del gobierno del Triunvirato, depuesto por el golpe del 24 de abril.
La primera sesión plenaria de la Décima Reunión de Consulta fue celebrada el 1 de mayo en Washington, convocada por los gobiernos de Venezuela, Chile y Costa Rica, y presidida por Guillermo Sevilla Sacasa, delegado especial de Nicaragua. En esta se aprobó la Comisión Especial para el Establecimiento de la Paz y la Normalidad en la República Dominicana, propuesta por los Estados Unidos. La componían delegados de Brasil, Argentina, Colombia, Guatemala y Panamá; y su misión era trasladarse a Santo Domingo y restablecer la paz y la normalidad. Con ese fin, se concentraría en lograr el cese al fuego, la salida ordenada de las personas asiladas en las misiones diplomáticas, la salida de todos los extranjeros que lo desearan e investigar todo lo concerniente a la situación imperante en la República Dominicana.[40] La primera sesión plenaria subió el tono del debate por el rechazo de Venezuela al desembarco de tropas norteamericanas en Santo Domingo, violatorio del principio de no intervención. Su rechazo fue apoyado por México, Uruguay, Colombia, Argentina y Chile.[41] Así cerraron 16 horas de deliberaciones.
Como resultado de los acuerdos aprobados, el 5 de mayo se firmó el Acta de Santo Domingo. En nombre de la Junta Militar de gobierno, firmaron los coroneles Pedro Bartolomé Benoit (FAD), Enrique A. Casado Saladín (EN), y el capitán de navío Olgo Santana Carrasco; y por el Gobierno Constitucional, el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, presidente constitucional, teniente coronel, B. Augusto Jiménez Herrera; coronel Manuel Ramón Montes Arache; mayor Héctor Lachapelle y Héctor Aristy, ministro de la Presidencia. Fungieron como mediadores los embajadores: Ricardo Colombo (Argentina), Ilmar Penna Marinho (Brasil), Alfredo Vázquez Carrigosa (Colombia) y Carlos García Bauer (Guatemala). Mediante el Acta de Santo Domingo, además de ratificar el acuerdo de cese al fuego, se aseguró la evacuación de los asilados y se logró el reconocimiento de la zona de seguridad internacional. Estos aspectos garantizaban la juridicidad a los acuerdos iniciados poco más tarde por la Comisión Ad-Hoc.[42]
La Operación Socorro
En la segunda sesión plenaria, celebrada el 3 de mayo, la Comisión Especial para el Establecimiento de la Paz y la Normalidad en la República Dominicana rindió su primer informe. En este destacan las terribles condiciones existentes en Santo Domingo y la necesidad de contar con médicos, enfermeras, alimentos, medicinas y equipos médicos; asegurar la cloración del acueducto, desarrollar una campaña contra moscas e insectos, y la recolección y eliminación de la basura. Su diagnóstico indicaba que se debía auxiliar a 40 mil familias, equivalentes a unas 200 mil personas.
Para mitigar estas necesidades se creó el programa Operación Socorro, concebido con fines supuestamente humanitarios, cuando en realidad se trataba de una misión política con carácter injerencista. Entre los aspectos que dicha Operación debía prestar atención estaban la colaboración en asuntos médicos y personal paramédico, medicamentos, alimentos, pago de los sueldos a los servidores públicos y presentar un plan para la recuperación de la economía. Parafraseando los versos de la puertorriqueña Lola Rodríguez Tió: con este programa, los dominicanos recibirían flores y balas en el mismo corazón, como las recibidas por Puerto Rico y Cuba desde la segunda mitad del siglo XIX.
La ejecución de esta Operación estuvo a cargo de un comité coordinador en el que estuvieron representadas la Organización Sanitaria Panamericana, la Secretaría de Salud Pública, la AID, CARITAS (asociada a Catholic Relief Services), el Servicio Social de Iglesias Dominicanas, CARE, la Cruz Roja Dominicana, la Cruz Roja Internacional y la OEA. Su primer resultado fue en el área de la salud, con la llegada en julio de un personal médico a su servicio, cuya procedencia era la siguiente:
|
Procedencia |
Médicos |
Enfermeras |
|
Argentina |
8 |
- |
|
Brasil |
4 |
3 |
|
Estados Unidos |
5 |
8 |
|
Guatemala |
3 |
- |
|
Panamá |
5 |
10 |
|
Venezuela |
6 |
14 |
|
Total |
31 |
35 |
Fuente: Docs. OEA. Informe Operación Socorro, Santo Domingo, 1/7/1965. (DOC. 827/852, archivo hlm).
Gracias a este programa, para las partes en conflicto, el país recibió antibióticos, sueros, dextrosa, antidiarreicos, vacunas anti varicosas y antitíficas, aspirinas, jeringuillas, esponjas, placas de rayos x, algodón, gasa, y otros productos. Mas, su volumen era escaso si se compara con las emergencias a mitigar y con la estabilidad de los países donantes: Argentina, Brasil, Colombia, Estados Unidos, Guatemala, México, Venezuela, Puerto Rico y Francia. En sí, más que una ayuda, era una migaja. Más lamentable aún, las enfermeras y médicos que llegaron regresaron en tiempo breve a sus países.
En cuanto al programa de alimentos, Panamá y Perú aportaron víveres; y desde Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela, Estados Unidos,